domingo, 25 de octubre de 2020

El colapso de la riqueza infinita sin coste alguno

En la Edad Media era usual escuchar historias sobre las propiedades de una sustancia fantástica llamada piedra filosofal, entre cuyas propiedades se encontraba la de transmutar el plomo en oro y plata.

La posesión de semejante sustancia aseguraba al poseedor riquezas infinitas (también curaba todas las enfermedades y proporcionaba la vida eterna, para completar el pack) a cambio de ir gastando pequeñas cantidades de ese elemento maravilloso.

Con el paso de los años, la evolución científico-técnica ha mejorado las cualidades de la piedra filosofal y hoy día hemos conseguido tener riqueza infinita sin coste alguno, mediante una máquina llamada impresora de los Bancos Centrales. Al principio, la máquina emitía papelitos de colores que al ser entregados a los agraciados (bancos, gobiernos) se convertían en dinero de uso corriente.

Con el paso del tiempo se mejoró el sistema y solo con un clik en un ordenador, aparece un apunte contable electrónico, que se transforma en dinero sin tener necesidad de imprimir grandes cantidades de papel.

Con este nuevo sistema hemos dejado atrás las propiedades de la piedra filosofal y replicado en un orden superior, el milagro de los panes y los peces.

Estas propiedades asignadas a los Bancos Centrales han conseguido diseñar un sistema financiero complejo, donde todo el mercado ha perdido la identidad que supuso su creación. El intercambio de bienes y servicios tenía sentido, si la oferta y la demanda proporcionaban precios reales a los productos que en el mercado se ofertaban. Y no solo eso, existían una serie de reglas basadas en el binomio rentabilidad-riesgo, por las cuales, cualquier mercader (trader, banquero, comerciante, empresario) podía establecer un precio correcto, simplemente asociando las reglas básicas de la oferta y la demanda con el riesgo y la rentabilidad de cada operación.

Este sistema, sin la piedra filosofal de los BC, funcionó durante mucho tiempo, porque todos los intercambios se pagaban en un dinero real. Aunque fueran papelitos de colores, eran intercambiables por un respaldo, que no podía ser fabricado de la nada.

Todo cambió en 1971, tras el final de los acuerdos de Bretton Woods y la operación Nixón, por la cual, el dólar, moneda de reserva mundial, no podía ser cambiado por su respaldo en oro.

A partir de entonces, los BC encabezados por la FED, se arrogaban de la propiedad de crear dinero en exclusiva, como si la piedra filosofal de la Edad Media reapareciera en pleno siglo XX.

Al principio, se usaba con criterio, sin pretender exceder la riqueza real, generada por el propio crecimiento económico. Con el paso del tiempo, todo sistema incurre en desviaciones, que deben ser cubiertas para asegurar un buen funcionamiento.

Observar la pérdida del poder adquisitivo del dólar con respecto al oro, para darnos cuenta como se diluye la moneda, cuando abusamos de la impresora. Desde 1971, el dólar tiende a cero con respecto al oro.

Naturalmente, el planeta y sus diversas naciones forman un ente muy complejo y es imposible evitar todos los desajustes. Primero son pequeños, pero a medida que el crecimiento se extiende, la complejidad aumenta y nuevas formas de intercambios son creadas. Para tapar todas las desigualdades, es obligado generar más y más dinero. Cuando la cantidad de dinero y deudas excede el crecimiento natural, comienza un proceso de aceleración de la emisión de dinero, que lleva la curva de creación de dinero a una figura exponencial, cuyo final se advierte a medida que la curva pasa de exponencial a asintótica.

En la fase final, todo el mercado es artificial. Cualquier problema es cubierto aplicando la moderna piedra filosofal y creando ingentes cantidades de dinero para cubrir las ineficiencias, siguiendo el modelo explicado a continuación.

Si hay una crisis económica, generamos dinero para salvar la quiebra de los bancos. En la siguiente crisis hay que salvar las empresas y extendemos los cheques que sean necesarios. Luego son los estados los que necesitan financiación y los BC deben crear más dinero, además de bajar los tipos de interés al mínimo, para permitir aumentar los márgenes de cada presupuesto, reduciendo al mínimo los gastos financieros. Como eso no es suficiente hay que salvar las empresas porque la caída de las ventas no permite pagar sus deudas. En una increíble pirueta, también los BC compran los bonos corporativos, atajando dos problemas al mismo tiempo. Por un lado facilitan financiación, que en un mercado natural sería complicado de obtener por empresas con mala situación financiera y por otro lado, se conceden préstamos a un interés ridículo, para que las empresas puedan sobrevivir sin pagar intereses.

Esta economía zombi, artificial, y consumidora de recursos, continua durante un tiempo, haciendo crecer el contrato de la deuda, porque la población confía ciegamente en las autoridades. Tiene tal fe ciega, que asume sin pestañear la existencia de algo imposible, como son los tipos de interés negativos.

Por ejemplo en USA, el número de compañías zombis se ha disparado.

Es difícil de explicar y todavía más complicado entender que cuanta más deuda tiene un estado o una empresa, más fácil resulta conseguir un préstamo y si los ingresos de ese estado se hunden, ¿cómo es posible que no solo obtenga dinero, sino que además cobre por recibirlo?.

Una vez se ha llegado a esta situación es evidente que no hay vuelta atrás y nadie va a sustituir a los BC en su misión de sostener la financiación de un sistema zombi. El proceso cogerá velocidad y en un momento determinado descarrilará, cuando la confianza en esta nueva piedra filosofal se desvanezca.

La forma de acabar con este sistema es la llegada de la inflación que impide crear más dinero, bajo la amenaza de acelerar la inflación y que el individuo sea consciente que los precios de hoy son más bajos que los de mañana, momento en el que se desprende del dinero para cambiarlo por activos. Cuando este proceso se generaliza da lugar a la hiperinflación y el final del sistema.

En estos momentos tenemos una pandemia que sigue creciendo. El incremento de los casos se ha acelerado y amenaza con una nueva paralización económica, que también romperá las cadenas de distribución, generando escasez y aumento de precios.

El número de casos estaba estable en torno a 300.000 casos diarios durante los meses de verano en el hemisferio norte. Con la llegada de los primeros días fríos, el incremento esta siendo criminal.

Los gobiernos ya conocen los resultados de imponer un confinamiento masivo y son reacios a establecer una nueva paralización. Pero los casos van aumentando, los hospitales se van llenando y solo es cuestión de tiempo, llegar al colapso hospitalario, momento en que se deben rechazar casos y la mortalidad se dispara. La presión social aumenta y cada gobierno debe plantearse, antes o después, otra parada forzosa, sabiendo que las consecuencias de la primera, todavía no se han superado. Amplios sectores como el turismo, la hostelería o la aviación están heridos de muerte y la segunda ola, supondrá el cierre de numerosos comercios y empresas. A partir de aquí la morosidad bancaria, el paro, la deuda y todas las derivadas de la mala situación económica obligarán a tomar decisiones importantes.

Por ejemplo observar el descenso de la primera ola.

A finales de Febrero de 2020 vivimos un episodio de pánico. Ahora tras las elecciones USA, es muy posible que el control de los BC desaparezca y tengamos otro episodio parecido al de Marzo 2020.

Si los BC no hacen nada, el colapso será inmediato y si los BC, hacen otro intento de generar dinero de la nada para parar las caídas, es muy posible que la hiperinflación esté presente en un horizonte muy próximo, sobre todo si se entrega a la población mundial, una especie de Renta Básica Universal , para evitar el hambre y una revolución social.

Bancos Centrales. Se puede apreciar como aumenta brutalmente el balance de los BC. Otra vuelta de tuerca de la pandemia y las curvas serán asintóticas. Comparar con la pequeña subida de las gran crisis de 2008.

En cualquiera de los dos casos, el final está cerca.

Pero no será debido a la pandemia , sino a la degradación de una piedra filosofal que nunca debió existir. La deuda acumulada todos estos años, no es sino el contrato establecido para disfrutar ayer, los recursos del mañana (futuro), a costa de entregar a las generaciones futuras, el pago retrasado de la deuda.

Un gráfico del sp500 sin ajustar por la inflación nos indica donde estamos.

Solo en un mercado artificial puede darse al mismo tiempo, la mayor crisis de la historia y la consecución de nuevos máximos históricos. Cuando el niño grite, "el rey está desnudo", el colapso también será histórico.

La pandemia desde este punto de vista, va a ser el niño que deja al descubierto la inexistencia del traje real y nos ofrece otro artículo que también vislumbra, las vergüenzas de la zona euro.

Tenemos para elegir por donde comenzará el colapso.

Fuente: Disturbed.


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