martes, 24 de junio de 2014

La vida huyendo de los bancos

Mi amigo Josemi le tiene una manía increíble a los bancos. No soporta a los banqueros y en su opinión ellos y sólo ellos tienen la culpa de la actual situación de crisis económica. Y no digo yo que los bancos no tengan culpa. Pero de ahí a que sean los únicos culpables, hay un largo trecho. Josemi me echa la bronca cada vez que se acuerda de que yo tengo cuentas en un conocido banco español. ¿Pero qué quiere que yo le haga? Soy asesor jurídico y mis clientes exigen muchas veces pagar por banco.

Tendría que cerrar mi negocio si no le facilitara a la clientela esa forma de pago. Y los que no quieren pagar por ingreso o transferencia, lo hacen emitiendo talones nominativos, de modo que al final no me queda más remedio que acudir al banco. A mí los bancos me resultan útiles, y creo que los políticos tienen mucha más culpa de lo que está pasando que las entidades bancarias. Además, reconozco que a mí los banqueros me caen bien. De hecho, mi esposa trabaja en un banco desde hace diez años y gana un buen sueldo, que junto al mío, nos permite vivir desahogadamente, hacer viajes que nos encantan, tener un precioso chalet en la Urbanización Los Naranjos y jugar al padel todos los fines de semana.

Josemi todas estas cosas no las entiende, porque para él la vida es ir tirando, morar en una casa que se cae a pedazos, no hacer ningún viaje, beberse unas cervezas o un combinado con los amigos cuando encarta y poco más. Este hombre no tiene aspiraciones, ni quiere casarse, ni forma una familia, ni tener un Iphone como todo el mundo. Y cuando decides quedarte fuera del mundo, el mundo no te deja volver a entrar nunca más. Y llegará el día en que necesites algo del mundo y entonces éste te dará la espalda y te verás más solo que la una. Mi amigo Josemi es uno de esos lobos esteparios que no quiere ser un hombre más, y al que un día encontrarán muerto en su casa, después de estar una semana sin dar señales de vida y que a nadie le extrañe.

Sólo lo descubrirá algún vecino tiquismiquis cuando al salir de su casa, note un olor a podrido proveniente del piso de Josemi, bastante sospechoso. Entonces llamarán a la policía, que pegará en la puerta sin obtener respuesta de Josemi. Unas horas después, volverán con una orden judicial y un equipo de cerrajeros Zaragoza, para que abran la cerradura de su piso. Y allí hallarán a Josemi, remuerto y reseco, como uno de esos pajarracos negros que entran por las ventanas de las casas abandonadas y no dan con la tecla para salir. Uno llega con una escoba y un recogedor, los barre, los tira a la basura y la vida sigue como si allí no hubiera ocurrido nada.

 Mientras, los pobres cerrajeros lo ven todo y se preguntan por qué su trabajo a veces es tan extraño y por qué tienen que ver estas cosas. Y lo mal que huele el cadáver... En fin, gajes del oficio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario